Otra Breve Historia del Tiempo
Una entretenida relación del periplo vital del autor, matizada con múltiples anécdotas rescatadas de su paso por la Escuela Industrial Superior Chileno Alemana de Ñuñoa, por Zombie (1)
El autor nos muestra en esta obra, específicamente, aquel período de tiempo que transcurre entre el término de su infancia y la entrada a la adolescencia. Nos narra, por ejemplo, como fue que escogió el colegio en el cual transcurriría parte importante de ésta última etapa. Allí nos enteramos que esa decisión fue, en palabras del autor “por haber escuchado comentarios de mis compañeros de octavo año básico acerca del Industrial Alemán, colegio que al parecer gozaba de singular fama.”
En efecto, se inscribe para las pruebas de admisión y rinde satisfactoriamente las pruebas de ingreso, con lo cual comienza a estudiar allí, siendo su primer curso el Primer Año D. En este tiempo conoce a muchos de los camaradas que más tarde le acompañarían durante el transcurso de la enseñanza media. Una sabrosa anécdota de ese período, en sus propias palabras: “Recuerdo que una de las pruebas era de admisión era de Castellano, y tuve que sentarme en primera fila. La profesora que tomó dicha prueba, Dorina Gallardo, gozaba en aquellos años de la plenitud de su madurez y la mayoría de los postulantes, del despertar erótico típico de su edad. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que dicha profesora no sólo era particularmente exuberante sino que además en aquella ocasión vestía prácticamente una minifalda, no es de extrañar que las miradas ávidas y lujuriosas de los educandos de la primera fila se reflejaran en una escritura temblorosa y equívoca, amén de salivación excesiva.”
La narración continúa explicándonos como fue su elección de especialidad, que se basó en comentarios que circulaban entre los condiscípulos y que eran de este jaez. “los más pencas son los de estructuras metálicas y después los mecánicos. Los mejores son los eléctricos”. Por lo tanto, se inscribió con los mejores en el curso segundo medio “A”. Además, sus biógrafos siempre han mencionado su aversión por la grasa y suciedad en general, ambas presentes en las especialidades rechazadas.
Los capítulos posteriores de esta obra se refieren básicamente al hecho de que su paso por el colegio coincidió con otro tránsito menos tangible, como lo es el pasar de la infancia a la adolescencia y rozar el comienzo de aquella otra etapa que es el despertar a la madurez. Así, nos ilustra con múltiples ejemplos de cómo se entrelazan una y otra travesía, como aquel capítulo referido a su relación con dos amigos especialmente cercanos, David Nadeau y Guillermo Parra, quienes forman parte de un trance inolvidable en la vida de cualquier adolescente, su primera fiesta. He aquí parte de aquella relación: “Siempre fui un outsider, desde pequeño me costaba integrarme con los demás debido a mi timidez. Esto se agravó en la adolescencia y prácticamente mis días pasaban entre el colegio y mi casa. Esto sin duda fue notado por dos de mis compañeros, con mucho más “mundo”y con los cuales compartía algunas horas fuera del colegio. No sé de cual de los dos fue la idea, pero un día sábado llegaron a mi casa y me convencieron de ir a mi primera fiesta, que fue también escenario de mi primer “atraque” o cercanía física con el sexo opuesto. Nunca me olvide de aquello, en particular por el hecho de que uno de ellos ya no está entre nosotros”.
La obra avanza en el tiempo, siempre relacionando hechos acontecidos en el colegio con etapas que se suceden en el tránsito de la adolescencia. Su primera y única polola, (actual esposa) por ejemplo, participa de una breve reseña en la obra. Pero dejemos al autor: “Comencé a pololear, como se dice coloquialmente, el año 1977. Para ser más exactos, el 23 de Agosto, fecha que no recuerdo pero que mi esposa sí. Pues bien, un día salimos a pasear al recordado parque Juan XXIII, que quedaba a medio camino entre mi casa y el colegio, y nos encontramos con Guillermo Parra. Nos saludamos y cada cual continúo por su camino. Al día siguiente, naturalmente que le pregunté a Guillermo qué le parecía mi polola. Su respuesta fue: “tiene cara de gorrera”. Pues bien querido amigo, si lees estas palabras puedo decirte con orgullo que tu impresión no sólo era equivocada, sino que era terriblemente equivocada.”
Algunos críticos de la obra hacen referencia a que, cual Proust, se detiene con demasiada frecuencia en nimiedades o detalles que para el lector se hacen pesados e insufribles, pero a decir verdad, cualquiera de nosotros sería igualmente detallista al narrar lo acontecido en nuestros años más felices y en esto quiero destacar también las palabras del autor cuando nos dice. “es cierto que durante todo el transcurso de la vida se viven momentos felices e inolvidables, y que no es sano detenerse en una u otra etapa ya que con ello se limitan las posibilidades de crecer, aprender y progresar; pero no es menos cierto que la adolescencia tiene una magia especial e irrepetible, debido a que en esta etapa aún no hemos perdido la inocencia y aún no hemos conocido el desencanto”.
No es de extrañar entonces, que como corolario de lo anterior, el autor termine este libro al momento de relatar su salida del colegio, y lo hace de este modo:”Como muchos de mis compañeros, al estar allí en el escenario en espera del diploma de graduación, tenía sentimientos encontrados. Por una parte la alegría de haber llevado a buen término el camino iniciado cinco años atrás, y por otro la certidumbre de haber terminado una etapa irrepetible y sin duda alguna importantísima en tanto que se fraguaron allí todos los patrones básicos de conducta que habrían de acompañarnos el resto de nuestras vidas. Estábamos preparados para el porvenir.”
En definitiva, podemos terminar nuestro comentario definiendo esta obra como íntima y absorbente, ya que se refiere a situaciones y etapas por las cuales la mayoría de nosotros hemos pasado en nuestra calidad de jóvenes estudiantes en tránsito hacia la adultez. Tal vez su lectura sirva de aliciente a más de alguno cuya pluma permanezca inactiva, esperando un momento de inspiración para comenzar a relatar su propia historia.
(1) Zombie es el seudónimo de José Daniel Vásquez Orellana, cuyo Currículum Vitae se indica al final de la Obra.
Muchachos, después del divertimento, aquí algo más terrestre:
Después de egresar, tuve una buena PAA y comencé a estudiar Ingeniería de Ejecución en la Universidad Técnica del Estado. Allí estudié dos semestres y fuí vergonzosamente expulsado por no haber podido pasar álgebra y cálculo. De hecho, haciendo memoria, solamente aprobé un ramo: química. Mi excusa, le hecho la culpa a mi actual señora, Nancy Ansaldo. En ese tiempo pasaba más tiempo con ella que estudiando. Pero no perdía el tiempo, si saben a lo que me refiero.
En fin, pudiera decirse que me farrié la oportunidad de ser universitario. No obstante la vida me ha hecho ingeniero de ejecución “honoris causa” y muchos de mis años de trabajo fui informalmente tratado así. Sigamos: siguiendo la tendencia imperante en esos años, tuve que casarme “apurado” eufemismo para explicar que dejaste embarazada a tu polola y te tienes que casar. El año 1981 nació mi primera hija, Paula Javiera. Ella no salió como el padre (el padre soy yo) y se tituló el año pasado de Ingeniero Comercial en la Universidad de Chile. Como debía mantener a mi familia, comencé a trabajar con mi papá en una empresa dedicada a las bombas de agua. La verdad es que me tocó toda la crisis de inicios de los ochenta, con bajos sueldos y precariedad económica, por lo que me costó un mundo poder mantenerme. Así y todo, el año 1984 nació mi segunda hija, Nancy Lorena: ella es egresada de turismo del DUOC y está trabajando muy bien en la cadena de hoteles Radisson. (ésta me salió ABC1)
Debido a lo que mencioné, todavía vivía con mis padres. Hice un intento de estudiar de noche (dos años de Informática en el IPS) pero desistí por aburrimiento (cáchense esa) El año 1989 seguía trabajando con mi papá como eléctrico de mantención, sin ninguna chance de progreso, cuando fui contactado por un empresario para formar parte de un proyecto que recién se estaba creando y que se iba a dedicar también a las bombas de agua. Fue así como me retiré, sin pena ni gloria, de la empresa donde trabajaba y comencé (desde cero) con la nueva empresa. Wellford Chile S.A. se llama esta empresa, y aquí llegué a ser sub gerente de producción, teniendo a mi cargo toda la operación de talleres y montajes. Fue gracias a esta empresa que pude estabilizarme económicamente, amén de crecer bastante en lo técnico y poder viajar por casi todo Chilito, desde Arica hasta Puerto Montt, mayoritariamente a mineras (conozco casi todas las mineras del norte) y un viajecito a España. En lo personal, en 1997 nació mi alter ego, José Ignacio (pasó a quinto).
En fin, estuve once años en esta empresa y el año 2000 fui invitado a renunciar. Entonces, desde mediados del 2000 al 2001 estuve tratando de encontrar mi nicho (no en el sentido de tumba) y lo encontré finalmente: me dedico a fabricar tableros eléctricos de control para motores, con énfasis en todo lo relacionado con agua. Tengo una pequeña empresa junto a un socio, y he podido estabilizarme económicamente (no gano mucha plata, pero lo paso bien). Actualmente vivo en Puente Alto (llegúe el año 1989) y no tengo intenciones de cambiarme al barrio alto.
Y así estaba, camino a Las Brisas de Chicureo a una reunión, cuando me llaman : “Zombie, adivina con quien hablas…”
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1 comentario:
Vida dura y exitosa la de este amigo, estoy orgulloso de sus logros. Ahh su hijo menor es una replica de el mismo en pequeño y de acuerdo a la epoca.
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